En la vida corremos tanto hacia afuera que pocas veces nos detenemos a mirar dentro. Las citas conmigo mismo son un recordatorio de que antes de ser hijos, amigos o pareja, somos personas que necesitan escucharse, cuidarse y reconocerse.
No se trata de aislamiento, sino de independencia: la capacidad de estar completos en soledad y aun así compartirnos con otros desde un lugar sano.
¿Cuáles son las heridas de la infancia y la dificultad de crecer?
Muchas de las resistencias que sentimos al cambiar, explorar nuevas actividades o salir de la zona de confort no aparecen de la nada; son huellas que dejaron nuestras primeras experiencias.
- Cuando crecimos con padres muy críticos, aprendimos a dudar de cada decisión, temiendo equivocarnos. Ya adultos, evitamos los retos porque creemos que fallar es sinónimo de no ser amados.
- Cuando nos comparan con otros hermanos o compañeros, sembraron la idea de que nunca seríamos suficientes. De grandes, preferimos no intentar cosas nuevas antes que arriesgarnos a confirmar esa creencia.
- Infancia: una niña estudia para su examen y obtiene una buena nota, pero su madre le dice: “Muy bien… aunque tu hermano sacó aún mejor nota, deberías esforzarte más”. La alegría inicial se transforma en desvalorización.
- Adultez: de grande, esa mujer quiere empezar un emprendimiento, pero al ver los logros de otros piensa: “Jamás voy a llegar a ese nivel, mejor ni lo intento”. Se queda en la comodidad de su rutina, aunque le genere insatisfacción.
- Cuando sentimos ausencia emocional aunque haya presencia física, desarrollamos miedo a la soledad. Entonces, en la adultez, buscamos llenar vacíos con la compañía de otros, evitando estar con nosotros mismos.
- Infancia: un niño tiene a sus padres en casa, pero siempre están ocupados con el trabajo, el celular o las preocupaciones. Nunca hay tiempo real para escucharlo. El niño se siente invisible, aunque estén presentes físicamente.
- Adultez: ya adulto, busca llenar ese vacío evitando la soledad: necesita estar en pareja, en reuniones o hablando con alguien. Le cuesta pasar un fin de semana a solas porque lo asocia con abandono y tristeza.
- Infancia: un niño tiene a sus padres en casa, pero siempre están ocupados con el trabajo, el celular o las preocupaciones. Nunca hay tiempo real para escucharlo. El niño se siente invisible, aunque estén presentes físicamente.
Estos ejemplos muestran cómo la infancia puede marcar nuestro presente: nos cuesta movernos de la zona conocida porque esa zona representa, de alguna manera, seguridad y aceptación.
la importancia psicológica de la independencia
Desde la psicología, se sabe que la independencia emocional está directamente ligada a la autoestima y al bienestar. Enamorarnos de la soledad no significa rechazar a los demás, sino comprender que el valor propio no depende de la presencia o ausencia de alguien más.
La independencia emocional en pareja se puede ver así:
- Lectura y tiempo personal: Ana disfruta leer novelas por las noches. Su pareja prefiere ver una serie. En lugar de forzarse a hacer lo mismo, cada uno cultiva su espacio, y luego comparten lo que más les gustó.
Psicológicamente: esto fortalece la autoestima, porque cada uno mantiene actividades propias sin sentir que la diferencia los separa.
- Salir con amigos sin culpa: Carlos disfruta reunirse con sus amigos del trabajo a jugar fútbol los viernes. Su pareja lo apoya, porque entiende que eso lo nutre y no amenaza la relación.
Psicológicamente: se reduce la dependencia afectiva y se promueve la confianza mutua, lo cual previene dinámicas de control o celos.
- Momentos de reflexión individual: Laura tiene el hábito de escribir en su diario cuando está estresada. Aunque vive con su pareja, le pide un rato de silencio para ordenar sus pensamientos.
Psicológicamente: esto fomenta la autorregulación emocional. No espera que su pareja resuelva su ansiedad, sino que busca primero reconectarse consigo misma.
- Cuidado personal como prioridad: Pedro practica meditación cada mañana antes de iniciar el día. A veces lo hace solo, otras veces su pareja se une, pero lo importante es que no depende de ella para sostener el hábito.
Psicológicamente: la independencia emocional implica no delegar en la pareja la responsabilidad del propio bienestar, sino compartirlo desde la abundancia.
- Elegir compartir desde el deseo, no desde la necesidad: Mariana decide pasar una tarde a solas en un café para leer y reflexionar. Más tarde, se encuentra con su pareja y conversan. Ella no lo hace para alejarse, sino para regresar más conectada consigo y con él.
Psicológicamente: esto fortalece la relación porque se da desde la elección consciente, no desde el miedo a estar solo.
Incluso en pareja, cultivar espacios individuales fortalece la relación. Cuando cada uno se reconoce, se ama y se cuida, puede compartir desde la abundancia y no desde la carencia.
Una cita contigo mismo puede ser tan simple como leer un libro a solas, escribir tus pensamientos o caminar en silencio. Estos momentos generan autorreflexión, claridad emocional y reducen la dependencia afectiva.
Salir de la zona de confort: pequeños pasos
Salir de la zona de confort es un desafío porque activa miedos antiguos, pero cada paso que damos es un acto de valentía. No es necesario un cambio drástico; basta con pequeños gestos que nos recuerden que podemos más de lo que creemos.
Reto sencillo:
- Atrévete a ir a un lugar que nunca has visitado, aunque esté en tu ciudad.
- Haz una actividad que antes te parecía “rara” o “no para ti”: una clase de baile, pintar, cocinar algo distinto.
- Dedica un día a estar contigo sin buscar distracciones externas, solo explorando tu compañía.
Estos ejercicios, aunque parezcan simples, son entrenamientos emocionales que debilitan la voz del miedo y fortalecen la confianza en uno mismo.
Las citas contigo mismo son más que un momento de calma: son un puente hacia la independencia y la libertad interior.
Sanar las heridas de la infancia implica atrevernos a cuestionar lo aprendido y darnos permiso de escribir una nueva historia. Y aunque estemos en pareja, nunca debemos olvidar que la soledad elegida y los espacios propios son los que nos permiten amar de forma más libre y auténtica.
Enamorarte de tu propia compañía es el primer paso para compartirla sin miedo y vivir una vida que no sea una repetición del pasado, sino una creación consciente de tu presente.
Recordar que la independencia emocional y el amor propio se construyen día a día es un acto de valentía. No tienes que recorrer este camino en soledad; pedir ayuda también es parte del crecimiento. El primer paso es aceptar el problema, el segundo es buscar ayuda, y tú estás en el camino a la superación, recuerda repetirte siempre: “YO PUEDO, YO SOY CAPAZ”.